Es como si, al volver sobre el asunto, lo hiciera más bien sobre mí misma, una y otra vez, una y otra vez. Me da asco. Sé que ahora lo estoy viendo desde afuera y aún así no quiero, pero como usted me ha dicho: yo puedo elegir. Sí, puedo elegir no verme desde afuera y no revivirlo en mí y no entrar en detalles. Pero eso, la libertad, la libertad de elegir -es que hasta puedo oírme reiterar la barbaridad que entraña decir "la libertad de elegir"- es exactamente lo contrario a lo que me pasó. Por ende, al elegir también me engaño y me veo intentando hacer que la verdad me siga doliendo como única manera que tengo de mantenerme fiel a los hechos a pesar de multiplicarme con cada nueva lectura de lo que ustedes han decidido llamar mi verdad..
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