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Y dio con la toalla. Yo no sé cómo, ¿será por lo peludita no? Se cubrió con ella, como impidiendo que su cuerpo viera la espantosa escena del bicho baboso y bisbiseante entorchándose en el piso, crispándose aquí y acuyá con el agua que se derramaba por el borde la tina. Era blanca la cosa, la serpiente, era tubo de neón y serpiente al mismo tiempo, y se retorcía y se retorcía y a veces se templaba y a veces se quedaba quieta y como a la expectativa, digo yo, mejor dicho, me dijo ella, Juliana (que aquí entre nos es más cuaima que el bicho que le salió). Perdón, sí, según ella el animal estaba como esperando el próximo grito antes de escabullirse por la ranura entre piso y puerta.

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