La luz brincó. Pegó el brinco desde la boca de la linterna a la nariz de Cara-e-Trailer y de ahí al capó de una camioneta. No, a Cara-e-Trailer le decíamos así antes de que esa cosa se le echara encima. De la camioneta el animal se lanzó al piso grasiento. Alvaricucho levantó la linterna, se había jodido, como si le hubiesen sacado el foco, así, de un mordisco ¿La luz? La luz brincaba, en forma de conejo asustado. Yo no sé si me lo dijo Cara-e-Trailer o Gilberto Pinto. Sí, Cara-e-Trailer se fue apenas el bicho ése le volvió ñoña la frente. Bueno, eso es lo que dice Gilberto. Gilberto. Esquivas a tu interlocutor sin perder por ello el hilo de la entrevista. A tu derecha, sobre el escritorio, descansan los papeles de Evaristo. Da alegría cerciorarse de cuán fácil es decirlo: los papeles descansan, los días pasan, el tiempo corre, los comentarios vuelan y las anotaciones se deslizan a lo largo de interminables grabaciones y planillas: a mí se me salió del reloj, al principio no creí que fuese para tanto ¿usted ha visto esas lámparas tipo gancho de ropa? no, ni de broma quiero yo pensar en los hospitales, mi primo y yo intentamos atraparlo, mire, míreme las piernas ¿quién va a pagar por todo esto? Los seguros. Anselmo. Tenemos que revisar los informes de los seguros Anselmo. A mí me pasó como en el cuento aquel ¿recuerdas la película esa? Los registros posteriores determinan. Tenga, yo traté de escribir algo por cuenta propia. El pasado 14 de febrero a las seis p.m. Gilberto. Gilberto Pinto. Ahí está, has dado con su ficha. Técnico superior. Veinte y tres añitos. Dirección. Teléfono. Lees someramente su declaración escrita con letras regordetas y destartaladas: eran como las ocho y yo estaba sentado afuera de las residencias cuando vi bajar a Alvaricuho y después un malanadro que yo conocía y yo lo que quería era dejar el vicio y cumplir con mi promesa y cuando vi que el susodicho, osea, el malandro, salía casi llorando, yo ni le paré porque yo lo que esta tratando era de dejar de fumar. Se había traído el último paquete de cigarrillos. "Me estoy descontento con el yesquero que tengo porque cada vez que lo prendo sale una polilla convertida en fuego", rezaba el estribillo que en la radio transmitieron a la hora de parodiar su caso. Sí, ahora lo recuerdas. Pelo ensortijado. Zapatos chillones. La camisa por fuera. Gilberto Pinto.
0 observaciones generales:
Publicar un comentario