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Si me lo preguntan, Juliana estaba de lo más encantada. Y es que ella había trabajado pero tanto, tanto...y con todo ese estrés por cualquier cosa, chica. Es que lo suyo ni solución tenía pues, no juegue, la más pura ironía, así es la vida. Lalana, Lalanita, Nanita o como sea que le digan; porque a ésa si que le gustaba que le pusieran sobrenombres, eso le daba así, como un poder secreto frente a los machos vernáculos de la oficina; bueno, ella, no te digo que se quemó las pestañas trabajando fines de semana y horas extras, sino que hasta se convenció de que si no compraba la tina y se zambullía en su oasis de espuma tal y como ella se lo imaginaba...pues no iba a seguir adelante en la vida.

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