Lo que pasó, pasó, doctol. El tipo abrió la maleta, oyó el ruido, miró de reojo y vio algo así como una chiripa prendida. A Cara-e-Trailer la bicha le pasó por encima de los pies y según él por eso fue que se dio cuenta de que parecía más bien un bombillo de seguirdad, de los que tienen las maletas de los carros por dentro, igualito, pero con patas. Ahí mismito el Alvaricucho, medio cagado ya como andaba, se puso a jurungar la alfombra de la maleta en busca de los libros -y quien sabe si la llave de cruz- mientras visteaba con el otro ojo los pasillos del estacionamiento. Cara-e-Trailer estaba detrás de una columna. Gilberto Pinto ni había llegado a la escena del crimen que jamás se cometió. Lo cierto es que a Cara e Trailer le entró el desespero porque el ruido de la chiripa e candela se hizo más fuerte y por eso se le echó encima de una a Alvaricucho, quien al oír los pasos se asustó más todavía y dale que sacó la cabeza de la maleta del carro y se volteó de una y prendió la linterna y más nada. Nada más y nada menos que la bendita linterna.
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