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La noche llegó tan insípida y hedionda como la que antes partió cual pobre nostalgia en esta marisma de polvo y ruido que sustituye al tiempo. A oscuras, Evaristo Martínez se debatía entre zafar la mano atascada en el tarro, asir de una buena vez por todas la cucharilla de aluminio que bailaba en su fondo, y recordar con precisión cuántas otras historias comenzaban con alguien preparándose el café.
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No quiero, aunque no es posible que yo quiera.
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Considerar las opciones le venía bien al anciano en su afán por evitar el esfuerzo de escapar a una pena que no terminaba de cederle suficiente espacio en aquel cuerpo cuyo sinsentido él ocupaba con desgano. Se sufre porque se comprueba, nos comentaba Evaristo, se sufre porque se cerciora uno del ansia inevitable por descubrir todos esos episodios, esas excusas, testimonios y argumentos que nos hemos construido cientos de veces para provocarnos la sensación de haber tocado fondo. Es un dolor, nos reiteraba Evaristo, es un dolor que a la larga sólo añade más pisos a una agonía cuyo peso, por ser aparente, jamás termina de aplastarnos.
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¿Es posible entender la verdad? ¿Se puede continuar al no hacerlo? ¿Podría yo desentenderme sin ser una verdad?
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23:32
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¿En cuántas, o mejor dicho, en cuáles historias puede uno toparse consigo mismo a punto de beber café o al borde de alguna otra clase de inicio? Imposible decirlo. Sólo queda confiar plenamente en que Evaristo Martínez Salcedo fue el primero y, más aún, en que sobre el antepecho de ladrillos de la única ventana de su casa aterrizaron sin previo aviso cuatro luces envueltas en un amasijo de plumajes y gorgoteos vibrátiles.
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23:28
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Si me lo preguntan, Juliana estaba de lo más encantada. Y es que ella había trabajado pero tanto, tanto...y con todo ese estrés por cualquier cosa, chica. Es que lo suyo ni solución tenía pues, no juegue, la más pura ironía, así es la vida. Lalana, Lalanita, Nanita o como sea que le digan; porque a ésa si que le gustaba que le pusieran sobrenombres, eso le daba así, como un poder secreto frente a los machos vernáculos de la oficina; bueno, ella, no te digo que se quemó las pestañas trabajando fines de semana y horas extras, sino que hasta se convenció de que si no compraba la tina y se zambullía en su oasis de espuma tal y como ella se lo imaginaba...pues no iba a seguir adelante en la vida.
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23:22
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No es que quiera o no continuar. Desear, querer, todo ello es lo contrario a continuar. Por lo tanto, me es imposible tanto evitar como favorecer el próximo paso.
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23:14
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Pues, no conforme con poner su mano a bailar un destartalado merengue con la cucharilla en el tarro, el señor Martínez tuvo que arreglárselas con la cuadrilla de recién llegados. Para colmo de males, en la punta del cable ungido en mantequilla hervida y mosquitos chamuscados, la única bombilla de su casa empezó a zumbar y a variar de intensidad, atascada en un sórdido contrapunteo con el coro de avechuchos al pie de la ventana y con la cucharilla bamboleante que al poco tiempo entró en frenesí a boca de jarro. Luego, calló el silencio. Se rompió. El tarro en el suelo. Evaristo se apartó, comprendió, es decir, estiró furtivamente la mano en busca del palo de escoba, ése que hace nada había apoyado de la pimpina de agua potable. La cucharilla estaba a solas, diríase que desnuda. Las esquirlas desperdigadas multiplicaban la presencia de las cuatro luces. Una especie de suspiro abominable se desparramaba. Acto seguido, la única bombilla de su casa soltó un silbido de cafetera estropeada antes de caer del sócate como una oruga luminosa que enmudeció en el suelo; sin reventar, encendida, ronroneando, deshaciéndose de su vieja forma, desde la rosca que se desovillaba para alargarse cual pico de aluminio fundido, hasta las curvas abultadas que de pronto se abrieron en un par de alas y libraron un gran estrépito amarillo.
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23:05
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Con el super cuerpazo que se gasta la niña ¿te imaginas? Claro, ella tenía que verse como en la propia cuña de crucero internacional, puro relax. Seguro que metió la pata, y déjame decirte que las tiene perfectas, así, de a poquito y como con un temblor sabrosongo y después ¿qué más? Ah, sí, la gloria, la satisfacción, la plenitud, la gracia, la dicha, todo el universo del placer aumentó en proporciones aritméticas, algebraicas y yo que sé. La pobre, que había afincado las uñas en el escritorio para soportar las horas extras con las cuales se iba a pagar la nueva tina, mira, esa apenas entró en su bañerota tipo siglo diecinueve y todo para descansar del esfuerzo descomunal que hizo para comprársela, la pobra esa no sólo sintió que se le duplicaba, sino que se le triplicaba el gozo casi que exponencialmente. Ay, y esas sales perfumadas que mandó a comprar y el agua calentita y el diseño ergonómico de la bañera, chica, hasta de más estaban en comparación con la idea de que, después del baño, de esa lujuriosa ablución -como acabo de leer en un libro que recién me prestaron-, ella al fin iba a estar en perfectas condiciones para asumir el nuevo cargo que le iban a dar en el trabajo. Cosa por lo demás importantíssima, si me lo dices a mí, porque ¿de qué otra manera podía ella cumplir limpia y tajantamente con un oficio que no admite quejas, ni retrasos, sino más bien estilacho, profesionalismo y eficacia? Porque, mire, para triunfar hay que embadurnarse de envidia ajena y sentirse segura hasta en la última partícula de la cabellera, osea, hay que sentirse rebautizada todos los días con las aguas del primer paraíso a la mano. Por eso lo de la tina, porque de que hay que ascender hay que ascender, a todos nos hace falta de vez en cuando mirar por encima del hombro para no encorvarnos ¿ah? Es que yo misma me hubiese ido de bruces en esa pleamar de espumas y eseencias fragrantes y ligeras y estupendas a la hora de hacerle a una pegar el suspiro en el cielo cual la propia diva del vigésimo séptimo arte flotando al ras de la sonrisa.
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23:02
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Por otro lado, seguir adelante ¿no sería más bien provocar otra mentira? ¿Y es posible eso, hablar de otra mentira cuando se sabe que sólo puede haber una mentira en el mundo, que lo demás es la miríada de verdades a las cuales acudimos por error?
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22:58
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Encandilado, Evaristo olvidó el rancho al que apenas se había podido mudar hace ya un par de años, luego de pelar gajo en un proyecto por lo demás ingenuo y poco después de asumir el taciturno oficio de vigilante privado o, más bien, tal y como tanto ha insistido, de "vigilante privado de toda seguridad" en una garita de una fábrica de tornillos al suroeste de una ciudad con cuyo nombre aún se atraganta. Por eso, al tantear las maltrechas paredes del dormitorio y poco después de tropezar con la bombona de gas, el tiempo en que el viejo demoró en recuperar la vista fue el mismo en que creyó estar de regreso a su antiguo hogar.
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22:56
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Trailer. T-R-A-I-L-E-R, así como lo oye mi pana, Cara-e-Trailer ¿qué por qué Cara-e-Trailer? Jefe ¿uté no va pal cine? Entonces puess, por qué ma va a sel, porque apenas tú lo ve ya sabes que eso va terminá de película.
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22:47
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Bueno, tal y como lo tengo entendido, tardó un poco más de lo esperado. Osea, yo misma me hubiese creído en el propio thriller, en uno del mismísimo Alfred Hitchcol, el de los pájaros o qué se yo, un film-noir de tercera categoría. Mire, hasta donde yo sé, la Julianita estaba a punto de quedarse dormida, el agua salía calientita y buena, nada extraño se oía por ahí.
Primero vino algo así como un soplo del corazón, un hundimiento tipo arritmia, después ella intentó ponerse cómoda y no pudo y el malestar siguió ¿sabe? Como el que uno siente cuando algo raro está a punto de ocurrir. Bueno, así. Entonces ella peló los ojos y los puso en el techo. Nada. Nadita. No vio nada. Es decir, osea, no estaba allí la lámpara de neón esa tipo ochentosa con unos ligeros aire de art-nouveau que tan bien le hacía juego con el baño suyo, no el de ahorita, el que acaba de remodelar -que por cierto, me imaginó, tendrá que reconstruir de nuevo otra vez si es que no venden el apartamento-, sono el otro, osea, el de la regadera con puertas de vitral y el aguamanil toscano y las baldosas de lirios campestres. Ajá, sí. Ella abrió los ojos. Miró el techo y nada, no bio la lámpara de neón y se puso de pie de una y llamó al marido con un grito. Okey, no con un grito de verdad, osea, ella sí lo intentó, pero no le salió la voz, como si se le hubiese perdido por todo el cuerpo. Sólo cuando sintió que se le iba el alma con el primer grito fue que lanzó el segundo que a pesar de salirle más fingido sonó más verdadero y por lo tanto dejó esa estela de silencio, esa que le hace a una caer en cuenta de que nunca se está a solas. En resumidas cuentas chicho, en medio del silencio que dejó el segundo alarido fue que vió la cosa esa en el piso.
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22:44
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La prueba de que es mentira surge cuando, al recordarlo -y sé que lo hago, aun de manera inconsciente-, cada vez que revivo, eso, el acontecimiento (mierda, que mal suena), cada vez que revivo el acontecimiento no puedo impedir recobrar algún detalle y debería ser a la inversa, es decir, si fuese verdad, si de verdad aún me doliera, los detalles no me importarían. Por eso vuelvo sobre el mismo punto, valga la redundancia, cada vez que intento recuperarme de lo sucedido.
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22:37
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El Buruso
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Tumbar accidentalmente el calendario (cortesía de una fábrica de acumuladores), golpearse la rodilla con la mesita de mimbre rosado (comprada al turco de la esquina), resbalar entre el estante de hierro colado, el taburete de media pata y el portalápices de bambú (robado en un tarantín de playa), más que un duro golpe le propinaron al viejo la certeza de que allí seguía. Y menos mal que no se le ocurrió nunca invertir en mejoras para su enclenque habitáculo, de lo contrario la pérdida habría sido incalculabe. Una sola vez lo había intentado, eso, la remodelación, el cambio de vida. Una sola vez que terminó en fracaso, si es que así se le puede llamar a aquello. Una sola vez y después más nunca, con esta fórmula bastaría para describir la casa del centinela y para abrir los ojos de una buena vez por todas: esquirlas en el suelo - párpados irritados - palo de escoba roto - cucharilla íngrima y sola - cable degollado - antepecho de ventana con cuatro, no, más bien cinco charcos de luz, cinco pájaros coruscantes. Que la luz cobrase vida, y que fuese animal esta vida, le devolvió la noción de sí al señor Martínez, es decir, le recordó que alguna vez fue otro. Tal vez por eso el anciano se acercó al espejito colgado sobre el catre para mirarse la cara como si con esto bastase para escapar al terror. Desde luego, y como casi en todos los demás casos, el viejo olvidó que se hallaba a oscuras y que la luz ya estaba en lo suyo, en forma de pájaro, aliabierta y en desbandada. Así es la luz cuando se va.
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22:30
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Se lo digo otra vez por si a las moscas, así de claro y raspao: según Cara-e-Trailer, que ya lo tenía visteao, el tipo ése bajó al sótano del edifcio mientras la voz de la vieja tronaba por los pasillos de las escaleras: que si a fulanita la atracaron ayer en el interocmunicador y pilas con los del quince que esos son los malandros y cuidado como te sacan un hierro porque se acabó la vaina recuerda que a primo quince lo jodieron por pendejo y ahí está en las noticias el tío tuyo hablando sobre la ola de secuestros express que se está llevando carros, gentes y cualquier cosa que se le atraviese en un tsunami delictivo criminal. Vieja loca ¿Qué a lo mejor fue por los nervios? ¿Qué el Cara-e-Trailer estaba paseado? Ajá, puede ser, pero igual Alvaricucho vio la cosa. Alvaricucho, le dimos así porque vino del Zulia a la universidad ique pa vacilase las jevitas y mire, ese será medio sádico pero le juro que de mentiroso no tiene nada. Cara-e-Trailer lo venía siguiendo pa cobrále una culebra que tenía enfurruñaá desde que se cabrearon por una tipa. Alvaricucho iba a la maleta del carro a sacá unos libros.
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22:26
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Y dio con la toalla. Yo no sé cómo, ¿será por lo peludita no? Se cubrió con ella, como impidiendo que su cuerpo viera la espantosa escena del bicho baboso y bisbiseante entorchándose en el piso, crispándose aquí y acuyá con el agua que se derramaba por el borde la tina. Era blanca la cosa, la serpiente, era tubo de neón y serpiente al mismo tiempo, y se retorcía y se retorcía y a veces se templaba y a veces se quedaba quieta y como a la expectativa, digo yo, mejor dicho, me dijo ella, Juliana (que aquí entre nos es más cuaima que el bicho que le salió). Perdón, sí, según ella el animal estaba como esperando el próximo grito antes de escabullirse por la ranura entre piso y puerta.
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22:16
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Lo que pasó, pasó, doctol. El tipo abrió la maleta, oyó el ruido, miró de reojo y vio algo así como una chiripa prendida. A Cara-e-Trailer la bicha le pasó por encima de los pies y según él por eso fue que se dio cuenta de que parecía más bien un bombillo de seguirdad, de los que tienen las maletas de los carros por dentro, igualito, pero con patas. Ahí mismito el Alvaricucho, medio cagado ya como andaba, se puso a jurungar la alfombra de la maleta en busca de los libros -y quien sabe si la llave de cruz- mientras visteaba con el otro ojo los pasillos del estacionamiento. Cara-e-Trailer estaba detrás de una columna. Gilberto Pinto ni había llegado a la escena del crimen que jamás se cometió. Lo cierto es que a Cara e Trailer le entró el desespero porque el ruido de la chiripa e candela se hizo más fuerte y por eso se le echó encima de una a Alvaricucho, quien al oír los pasos se asustó más todavía y dale que sacó la cabeza de la maleta del carro y se volteó de una y prendió la linterna y más nada. Nada más y nada menos que la bendita linterna.
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22:10
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El Buruso
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Es como si, al volver sobre el asunto, lo hiciera más bien sobre mí misma, una y otra vez, una y otra vez. Me da asco. Sé que ahora lo estoy viendo desde afuera y aún así no quiero, pero como usted me ha dicho: yo puedo elegir. Sí, puedo elegir no verme desde afuera y no revivirlo en mí y no entrar en detalles. Pero eso, la libertad, la libertad de elegir -es que hasta puedo oírme reiterar la barbaridad que entraña decir "la libertad de elegir"- es exactamente lo contrario a lo que me pasó. Por ende, al elegir también me engaño y me veo intentando hacer que la verdad me siga doliendo como única manera que tengo de mantenerme fiel a los hechos a pesar de multiplicarme con cada nueva lectura de lo que ustedes han decidido llamar mi verdad..
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22:00
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El Buruso
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Sí, así es, en efecto. El marido, Damián García, él se levantó de la cama. No, él no se dio cuenta de que al televisor le faltaba su pantalla. No, tampoco le pareció que el candelabro del pasillo estuviera fuera de sitio. Sí, fue al baño, sonriendo, sonriendo porque, según él, los alborotos que por cualquier cosa armaba Juliana eran cuestión de todos los días, sobre todo en la oficina. De acuerdo, es verdad, lo entiendo. Igual entró a averiguar qué le pasaba a su esposa y como esta se negó a contestar, pues, qué más, busco el interruptor, pasó la mano arriba y abajo, le dio al suiche una y otra vez. Nada. La esposa tartamudeaba. No le hizo caso. Agarró la cesta de la ropa sucia y se montó en ella. La esposa seguía tartamudeando, cada vez con mayor claridad: "la luz se fue, se fue", decía ella mientras él le contestaba que eso era de lo más evidente. Parado en la cesta, tambaleándose, el doctor extendió el brazo, no encontró el tubo de neón, se vino al suelo de un trancazo que su esposa aprovechó para repetir la estrofa con un poco más de contundencia: "la luz se fue, se fue de donde estaba, como un bicho por debajo de la puerta". Al tal Damián el arranque de locura de la esposa le molestó sólo un poco más que la caída. "Pero, ¿qué te pasa mi vida¿ ¿Tú como que te volviste loca?", dicen que dijo antes de pedirse a sí mismo un poco de paciencia e indicarle a su esposa que recorrería el apartamento para comprobar si la luz se había ido por todas partes. "¿Por todas partes?" preguntó Juliana dejando al lado la cantaleta, "¿por todas partes? pero tú estás loco Damián, ni se te ocurra, ni te atrevas a prender otra...". Demasiado tarde. Por más que insistiera ya sería demasiado tarde. Damián saldría del baño entre dimes y diretes y presionaría el interruptor del pasillo y el resto ya lo sabemos.
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21:45
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La luz brincó. Pegó el brinco desde la boca de la linterna a la nariz de Cara-e-Trailer y de ahí al capó de una camioneta. No, a Cara-e-Trailer le decíamos así antes de que esa cosa se le echara encima. De la camioneta el animal se lanzó al piso grasiento. Alvaricucho levantó la linterna, se había jodido, como si le hubiesen sacado el foco, así, de un mordisco ¿La luz? La luz brincaba, en forma de conejo asustado. Yo no sé si me lo dijo Cara-e-Trailer o Gilberto Pinto. Sí, Cara-e-Trailer se fue apenas el bicho ése le volvió ñoña la frente. Bueno, eso es lo que dice Gilberto. Gilberto. Esquivas a tu interlocutor sin perder por ello el hilo de la entrevista. A tu derecha, sobre el escritorio, descansan los papeles de Evaristo. Da alegría cerciorarse de cuán fácil es decirlo: los papeles descansan, los días pasan, el tiempo corre, los comentarios vuelan y las anotaciones se deslizan a lo largo de interminables grabaciones y planillas: a mí se me salió del reloj, al principio no creí que fuese para tanto ¿usted ha visto esas lámparas tipo gancho de ropa? no, ni de broma quiero yo pensar en los hospitales, mi primo y yo intentamos atraparlo, mire, míreme las piernas ¿quién va a pagar por todo esto? Los seguros. Anselmo. Tenemos que revisar los informes de los seguros Anselmo. A mí me pasó como en el cuento aquel ¿recuerdas la película esa? Los registros posteriores determinan. Tenga, yo traté de escribir algo por cuenta propia. El pasado 14 de febrero a las seis p.m. Gilberto. Gilberto Pinto. Ahí está, has dado con su ficha. Técnico superior. Veinte y tres añitos. Dirección. Teléfono. Lees someramente su declaración escrita con letras regordetas y destartaladas: eran como las ocho y yo estaba sentado afuera de las residencias cuando vi bajar a Alvaricuho y después un malanadro que yo conocía y yo lo que quería era dejar el vicio y cumplir con mi promesa y cuando vi que el susodicho, osea, el malandro, salía casi llorando, yo ni le paré porque yo lo que esta tratando era de dejar de fumar. Se había traído el último paquete de cigarrillos. "Me estoy descontento con el yesquero que tengo porque cada vez que lo prendo sale una polilla convertida en fuego", rezaba el estribillo que en la radio transmitieron a la hora de parodiar su caso. Sí, ahora lo recuerdas. Pelo ensortijado. Zapatos chillones. La camisa por fuera. Gilberto Pinto.
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22:25
Garrapateado a nombre de
El Buruso
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Pero ser fiel a los hechos es ser fiel a mí misma, es decir, es ser un sólo hecho, cuestión que, objetivamente hablando, equivale a convertir en tema un cuerpo al que la verdad no le debería doler. Porque, que duela la verdad, decir que la verdad duele, eso es como decir que lo peor tarde o temprano pasa como si lo peor estuviese vivo y aún caminara por ahí.
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22:18
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El Buruso
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Ése mismo fue, el tal Gilberto. Dígame Doc, ¿ahora dónde está? Porque ni a él ni a Cara-e-Trailer ni al maracucho de Alvaricucho los he visto yo de nuevo. Es más, hasta me pregunto si fueron o no fueron ellos quienes vivieron la guarandinga. Ya está, ya lo escupí, deje ahora que se le confiese...Yo...no se vaya a reír de mí, yo a veces pienso en que si no fuera por los fenómenos esos que pasaron todos se darían cuenta de que usté y yo y los tipos esos somos una fantasía de la inconciencia, osea, puro cuento y más nada.
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22:10
Garrapateado a nombre de
El Buruso
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Lo sé. No soy, mejor dicho, ya no puedo ser tan tonta como para regodearme con la certeza de cuán ilusorio es el recuerdo, de lo poco preparados que estamos para nuestro pasado, o de cómo nos engaña la experiencia. Cuanto vivo sólo podría ser real si precediera a los hechos, es decir, sólo podría concebir como verdadero algo que ocurriese antes de que yo lograse decirme que algo pasa, que me pasó, que me desencajó para siempre de modo que ni siquiera pueda arrepentirme de no haberme desquiciado.